jueves, 31 de enero de 2013
NOCHE DE AMOR Y AMIGOS:
LOS FAMOSOS DISFRUTARON
DE LOVE LOVE
LOVE
Los famosos no se quisieron perder el trabajo del talentoso grupo de actores y el último domingo dijeron presentes en el teatro. Adrián Suar, histórico compañero de Vena en La banda del Golden Rocket, llegó de la mano de Griselda Siciliani, quien a su vez compartió elenco con Toscano en Para Vestir Santos.
Otro famoso que asistió a la función dominical y que no suele mostrarse en muchos eventos fue Gustavo Bermúdez, que se saludó afectuosamente con Suar en el hall de entrada. Luego de la función, el grupo completo posó para las fotos y celebraron el éxito de la obra a Calle Corrientes.
Una historia de amor que comienza en la década del 60, con sueños adolescentes y la pasión a flor de piel, encuentra su correlato en los noventa. Hijos rebeldes, la lucha por mantener los ideales y el enfrentamiento con el paso del tiempo son los -interesantes- condimentos de Love love love, la nueva obra que protagonizan Fabián Vena, Gabriela Toscano, Vanesa González y Martín Slipak en el Multiteatro.
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lunes, 28 de enero de 2013
TEATRO › CARLOS RIVAS DIRIGE LOVE, LOVE, LOVE,
UNA COMEDIA
DEL INGLES MIKE BARTLETT
“TOMÉ ESTA OBRA COMO UNA AUTOCRÍTICA”
El director se preocupó ante todo por “argentinizar” el
texto que interpretan Gabriela Toscano y Fabián Vena. La pieza trata sobre los
cambios de paradigma generacionales, entre el idealismo de los ’60 y el
hedonismo individualista posterior.
Por María Daniela
Yaccar
Es dura la sentencia que Carlos Rivas manifiesta tras
cuarenta minutos de charla: “Mi generación no logró nada de lo que dijo que iba
a hacer”, dice el hombre de 62 años, con un gesto aquejado. Ese pensamiento se
le filtró en la dirección de Love, love, love, una comedia del inglés Mike
Bartlett, que aquí protagonizan Gabriela Toscano y Fabián Vena (de miércoles a
domingos a las 20.30 en Multiteatro, Avenida Corrientes 1283). La obra, tan
divertida como profunda, invita a pensar en las consecuencias que las conductas
e ideales de los que fueron jóvenes en los sesenta y los setenta arrojaron en
la actualidad. Rivas se preocupó ante todo por “argentinizar” el texto. Más
allá de las operaciones de adaptación que pactó con el autor, construyó la
puesta a partir de sus experiencias y reflexiones.
Bartlett, de 32 años, es el autor estrella del momento en
Inglaterra. Ahora en Buenos Aires también se puede ver Cock, otra obra de su
autoría, dirigida por Daniel Veronese. Love, love, love comienza en 1967, en
Londres. Dany (Vena) y Sandra (Toscano) comienzan su historia de amor bailando
“All you need is love”. Ella está eufórica en la etapa de la liberación
femenina y de la libertad propiamente dicha. Como su futura pareja, es una
joven comprometida políticamente. Dany vive con un hermano (Martín Slipak) al
que todo eso le pasa un poco por al lado. En la segunda escena ya corren los
noventa. Suena “She bangs the drums”, de los Stone Roses. A Dany no le gustan.
El que los escucha es su hijo adolescente, Teo (Santiago Magariños), que luce
uniforme de escuela privada. Dany y Sandra tienen otra hija, Rosi (Vanesa
González), también adolescente, que ese día cumple años, pero a sus padres les
interesa más discutir sobre una presunta infidelidad que la celebración
familiar. Los hijos, testigos de los conflictos de sus padres sin quererlo,
viven angustiados. En la escena final, Dany y Sandra están viejos, jubilados y
divorciados.
Aunque la obra está explícitamente ubicada en Inglaterra,
Rivas se permitió hacer su propia lectura. “Esta historia me hizo pensar en mi
generación. En el ’73 tenía 23 años. En el ’76 ya estudiaba en el Conservatorio
Nacional. Era inevitable involucrarse en la militancia política, aunque siempre
me costó el encuadramiento. Escribí en Humor y en Satiricón en un momento muy
peligroso”, repasa el director, quien se define de izquierda. Tiene un hijo de
dieciocho años. Ese fue otro motivo por el cual la obra lo conmovió. Porque los
que más sufren en la historia de Bartlett son los jóvenes. “Y a mí me gusta
pensar que todos son mis hijos”, advierte Rivas, parafraseando el título del
clásico de Arthur Miller.
–¿Cómo llegó a esta obra?
–El productor me propuso hacerla, la leí y me encantó.
Conversé con el autor para adaptarla. Es simple, divertida y muy actual. Tenía
ganas de hacer un material que tuviera que ver con lo que le pasa a la gente
ahora. Venía de hacer Hamlet, quería un lenguaje más cercano. Bartlett es el
niño mimado del teatro inglés. En Londres, esta obra acaba de ganar el premio a
la mejor del año. Es súper moderna pero de estructura clásica: Bartlett está
claramente inscripto en la gran tradición inglesa del teatro. Acá recién está
llegando. Por el momento no es un autor muy conocido fuera de Inglaterra. Esta
obra se hizo sólo en Londres y acá, y ahora está por llegar a Broadway.
–¿En qué consistió la adaptación?
–Le dije a Bartlett que yo dirigía obras argentinas, que no
podía dirigir obras inglesas. Le expliqué que dirijo a actores argentinos y
dentro de la cultura argentina, y que tengo que intentar que la obra se conecte
con la cultura del espectador. No podía atarme a cuestiones puntuales,
geográficas y locales que él plantea en la obra. También le propuse cambiar los
nombres de los personajes. El autor tenía fama de quisquilloso, pero no se
comportó así. Si viniera a ver la obra no sé qué diría, pero ésa es otra historia.
Tengo entendido que mandó gente a la Argentina a ver Cock...
–Es el riesgo de dirigir autores que están vivos...
–Siempre hice un chiste de mal gusto al respecto: si están
vivos hay que matarlos (risas). Hablando en serio, la estructura de la obra es
muy inteligente. Bartlett se basa solamente en dos escenas muy simples respecto
del pasado para hacer su gran tesis de autor en la última. Tiene una gran
capacidad de síntesis y de percepción, porque encuentra el corazón de cada
época. En los ’60 era ese idealismo casi desmedido y en los ’90 el liberalismo
a ultranza, la incapacidad de adaptación de las personas, el sufrimiento y el
estrés. Todo esto ha dado una generación de hijos muy especiales,
contradictoria, angustiada, de mucha incertidumbre, sin convicciones, a
diferencia de nosotros, que teníamos muchas basadas en la nada pero que nos
daban poder hacia el futuro. Y eso no funcionó del todo. La mía es una
generación muy especial, muy importante en los últimos cincuenta años del siglo
pasado, que produjo cambios en muchos aspectos, pero que dejó secuelas
complicadas.
–¿La obra es una manera de hacer autocrítica?
–Esa generación ha sido muy importante en lo que tiene que
ver con la mujer, que dejó de ser objeto para ser persona. Pero también nos
equivocamos. Por eso tomé esta obra como una autocrítica. Busco que mi trabajo
tenga un sentido para mí y para la comunidad. No podemos estar entre dos
extremos: odiarnos como generación porque hemos hecho cosas terribles o
admirarnos porque hicimos todo. No hicimos nada.
–¿En qué se equivocó su generación?
–En la
Argentina la lucha tuvo sus frutos, no creo que haya sido en
vano. Pero fuimos presos de una trampa de la época. Esto no tiene que ver con
la obra, que está ubicada en un contexto distinto. El nuestro era el de una
dictadura voraz. Eso nos obligó a seguir un camino tan temible y equivocado
como el monstruo que teníamos que derrotar. Claro que hubo un avance y se da en
la medida en que crece la democracia. Hoy está muy en danza el tema de los
setenta. Creo que hay que hacer todo lo posible por “desidealizar” a esa
generación, sin dejar de reconocerle sus virtudes. Fue violentamente
narcisista: todo eso que decíamos que era un camino de cambio profundo era, en
realidad, una ilusión para sentir que podíamos ser más libres que nuestros
padres. No nos dimos cuenta de que nos iba a conducir a un individualismo
profundo, a un mundo de un extremo hedonismo individual, que deriva en los
noventa, en la generación yuppie. Muchos de los jóvenes de mi época están hoy en
el poder, tanto en nuestro país como en el mundo. Y nosotros decíamos ser el
anti-poder. La obra va un poco a contramano de lo que está pasando acá. Está
muy bien que la juventud intervenga y que se politice, pero me gustaría que
fuera dentro de un proyecto no setentista.
–Lo que usted remarca contrasta con el cariño que los
jóvenes tienen por su generación.
–Entiendo eso. Tengo un hijo de dieciocho años que es
músico. ¡Y me ha dicho que ya no hay música! Estoy rodeado de jóvenes que toman
clases conmigo y también admiran a mi generación. No me parece que haya que
idealizarla. Porque ello implica suponer que todo lo del pasado fue mejor, con
lo cual los jóvenes quedan en una posición terrible frente al mundo: pueden
creer que no hay nada importante que hacer. Es responsabilidad nuestra decirles
que no es así, que cada cual nace donde nace, que cada generación tiene su
destino y tiene que hacerlo. Eso significa rebelarse contra la generación
anterior. Significa matar a los padres simbólicamente. No hicimos nada de lo
que dijimos que íbamos a hacer. El siglo XX fue el de mayor cantidad de guerras
en la historia de la humanidad. Y nosotros decíamos que estábamos haciendo un
mundo de paz y amor.
Fuete; Pagina 12 Sábado, 26 de enero de 2013
"EL TEATRO NOS RECUERDA
CÓMO ESLA VIDA "
CÓMO ES
Gabriela Toscano, junto a Fabián Vena, protagoniza la obra
"Love, love, love", que hace foco en una pareja desde los años 60
hasta la actualidad, atravesando temas como la liberación setentista, los
hijos, el amor y los sueños.
lnatale@larazon.com.ar
Empezaron siendo hippies, quisieron cambiar el mundo y
jugarse por sus ideales. Veinte años después miraron a su alrededor y la vida se
había vuelto muy distinta a como la habían soñado, y tenían dos hijos. Más
tarde, casi al final del camino, sintieron que no sólo no pudieron cambiar el
mundo, sino que en medio de reproches y cuestionamientos, aún siguen buscando
su lugar.
"Love, love,
love", la premiada obra británica de Mike Bartlett se presenta en el
Multiteatro de la mano de Gabriela Toscano, Fabián Vena y Carlos Rivas (en
dirección y adaptación). Allí, a través de la historia de una pareja (que se
conoce con todo ímpetu en los 60, se encuentra con hijos adolescentes en los
90, y llega separada pero tal vez más lúcida al presente), se analiza un poco y
desgrana otro tanto los vaivenes emocionales de aquella generación que soñó con
tener el mundo en sus manos y luego, ¿hizo lo que pudo? "La obra se centra
en el tema de la responsabilidad: con los propios ideales, con los hijos, con
la política, además es una obra de relaciones, una comedia dramática en la cual
el espectador pasará por todas las emociones: risa, llanto, alegría, angustia y
mucha ref lexión. Porque ante todo, el espectador se expresa, le salen
palabras. Fabián (Vena) decía el otro día que para la gente, esta obra es como la Cámara Gesell , una
vidriera para espiar la vida de los otros. Y esa es una de las consignas de Carlos
(Rivas), su forma de hacer teatro, que el espectáculo sea algo vivo, que exista
una comunión entre el público y el espectador. Porque el teatro nos recuerda
cómo es la vida", dice Gabriela Toscano, cuyo personaje al igual que el de
Fabián Vena, va mutando, a través de los años, en los tres actos y lo hace a la
vista del espectador, con decorados y todo. Y acompañados por las actuaciones
de Martín Slipak, Vanesa González y Santiago Magariños.
La historia se pregunta en algún momento si todo lo que se
necesita es amor. ¿Cuál es la respuesta?
En el caso de ellos, no resultó así. En esa época todo era
paz y amor, eran tiempos en que esa generación impune se llevaba el mundo por
delante, y era cuando la mujer tuvo una liberación sexual muy grande... También
un poco ocurrió acá, en nuestro país. Lo que pasa es que políticamente acá y
allá pasaron diferentes cosas. Fue una generación que creyó que tenía el mundo
en sus manos y en realidad, el mundo los fue ganando a ellos y de hecho durante
la obra se ve cómo ellos dos van haciendo lo que pueden. Y al final son los
hijos los que les reclaman, no ellos mismos. Al final la obra lo que te dice es
que cada uno hace lo que puede.
Con Fabián Vena
trabaja- ron juntos en la obra "La du- da", de John Patrick Shanley,
en la que un cura y una monja se enfrentan por un incómodo interrogante. Y
ahora vuelven a coincidir. "Igual, antes, de muy jovencitos, trabajamos en
tele en `Estado civil’. Hacíamos de novios, luego después de muchos años nos
reencontramos en `La duda’ porque yo entré a reemplazar a Susú Pecoraro... Y
ahora, estamos mucho más conectados.
Fabián es un gran
compañero, una persona con la que trabajás muy tranquila, es muy dedicado y
siempre está sosteniéndote", dice la actriz.
Desde ha ce dos déc a
da s, Gabriela Toscano y el director Carlos Rivas son marido y mujer. Tienen un
hijo en común, que está por cumplir 18. ¿Qué significa para vos que Carlos te
dirija? "Es una mezcla de todo, ya no hay separación, nuestra vida es así.
Igual, veníamos de hacer `Hamlet’, que fue movilizante, un proyecto muy
estresante; ahora en este espectáculo estamos más relajados. Por otra parte,
nos conocemos mucho, tenemos un gran elenco. Nos gusta trabajar juntos. El es
un gran director y yo le intereso mucho como actriz".
¿Esa sería la clave por la que se eligen siempre?
Tampoco siempre. Vivimos 11 años antes de trabajar juntos.
Nos constituímos como
pareja y como familia. Recién en 2004 se dio la posibilidad de hacer algo
juntos.
¿Y ahora? ¿Tenés un director en el teatro y otro en la
pareja?
Nosotros no cortamos, somos así siempre. La vida del
director y del actor es así, la seguimos afuera. Imposible no hacerlo.
Ojo que también
hablamos de cuentas, organización de la casa y el resto de las cosas aburridas,
como todas las parejas. Pero trabajando juntos no se puede no hablar de lo que
hacemos. Y funcionamos así.
Miércoles 23 de Enero de 2013 | SHOW | La Razón | 12
jueves, 17 de enero de 2013
Teatro
ENTRE PADRES E HIJOS
Por Federico Irazábal
| Para LA NACION
Love, Love, love / Autor: Mike Bartlett / Elenco: Gabriela Toscano, Fabián Vena, Vanesa
González, Martín Slipak y Santiago Magariños /
Escenografía: Carlos Rivas /
Iluminación: Gonzalo Córdova /
Vestuario: Renata Schussheim / Maquillaje y peinado: Alberto Moccia /
Versión y dirección: Carlos Rivas /
Sala: Multiteatro / Duración: 110 minutos.
NUESTRA OPINIÓN:
BUENA
Si bien el director Carlos Rivas, en el programa de mano,
compara la pieza con la dramaturgia de Arthur Miller y Henrik Ibsen -en un acto,
desde mi punto de vista, de sobrevaloración-, la obra encuentra sus
antecedentes más fuertemente en la dramaturgia europea contemporánea. Es más,
señalaría que el texto se corresponde, en una versión más ingenua, con gran
parte de la dramaturgia inglesa, alemana e italiana al trabajar con ciertos
tintes de didactismo en su mirada crítica al capitalismo contemporáneo. Y es en
esa zona en donde logra su mayor mérito: en no proponer ninguna versión
"new age" de socialismo siglo XXI, sino en caer irremediablemente
dentro de la tiranía del dinero en una Europa que plantea una escisión entre el
mundo que vivieron los padres y el que les dejaron a sus hijos.
Padres e hijos. Ése es el dilema que el texto plantea.
Padres que provienen de la generación del sesenta, con un cúmulo de ideales
antisistema que hoy recuerdan con nostalgia, al tiempo que disfrutan de sus más
que merecidísimos ahorros y lucros financieros y rentistas. Los personajes que
componen Vena y Toscano provienen de allí, de una cultura que se propuso hacer
un mundo mejor, pero que luego se dejó vencer por el mundo. Y tuvieron hijos
que hoy no logran despegar porque la situación económica no es la de entonces y
aprovechan para culpar a sus padres de su propio fracaso. La obra envuelve bajo
el formato de diálogos familiares fuertes tesis económicas y sociológicas que,
con sus contradicciones, van desarrollando el entramado intelectual del texto.
La dirección de Carlos Rivas entendió algo de esto e intenta
llevarlo a cabo en la escena aunque por momentos cae en un sistema de
"representación" que le es hostil al propio texto. Tanto en el primer
acto -cuando se ubica en los 60- como en el último -el presente- busca un
trabajo de composición que la obra no requiere a no ser que se pretenda hacer
de ella una lectura en clave realista. Porque el problema que plantea en este
sentido es que la misma pareja actoral tiene que recorrer cinco décadas. Pero
la escena repele a un Vena caracterizado de jubilado porque la
"actuación" tan remarcada va en contra de un sistema de tesis en
donde lo que importa es la visión de mundo.
Por eso se vuelve superlativa la actuación de Gabriela
Toscano, quien llega con su personaje verdaderamente a una cima en su carrera.
Toscano atraviesa las décadas sirviéndose de cambios de vestuario, peinados y
accesorios y con muy sutiles actitudes corporales va mostrándose como la misma
y como otra. En ella todo pasa por el cuerpo y no en simular canas. Toscano no
actúa ni la comedia ni el drama; se pone simplemente allí y deja que su cuerpo recorra
las exigencias del texto, algo que también hace con solvencia Vanesa González.
Por algún motivo que me excede, Rivas eligió un código diferente para las
actrices en relación con los actores que "componen".
En cuanto a la puesta en escena, hay que señalar que el
director encontró un muy interesante dispositivo que destaca la teatralidad de
la propuesta al ir haciendo que el espacio vaya gradualmente apropiándose de
todo el escenario como forma de metaforizar el crecimiento económico de la
pareja protagónica.
Fuente: Diario LA NACION Martes 15 de enero de 2013
martes, 15 de enero de 2013
Critica Diario Clarin Sobre Love, Love, Love
EL PASO DEL TIEMPO,
MUY BIEN CONTADO
CON NOTABLES ACTUACIONES DE GABRIELA TOSCANO y Fabián Vena, la obra recorre la vida de una pareja, del hippismo a estos día
14.01.2013 | Por Jorge Luis Montiel
especial para clarín
A los 32 años, el dramaturgo inglés Mike Bartlett (1980)
goza de un merecido renombre internacional por piezas como Cock (actualmente en
la cartelera porteña). Elogiado por el uso del lenguaje y un mordaz
cuestionamiento a la sociedad inglesa, Bartlett se vuelve universal al plantear
que hipocresía y egoísmo, perpetuar la adolescencia y el consumismo -sin que
importe el semejante- son rasgos sociales que destierran la solidaridad y el
compromiso en este vertiginoso siglo XXI.
Love, love, love ( Amor, amor, amor ) es una comedia
dramática, estrenada en 2010 y, lejos, su mejor obra. La trama abarca a una
singular pareja a lo largo de cuatro décadas. En 1967, Sandra (Gabriela
Toscano) y Dany (Fabián Vena) tienen 19 años, son hippies, les gusta beber y
fumar, y creen que el mundo se puede cambiar enarbolando las banderas de la
paz, el amor libre y la igualdad de derechos. Sin embargo, en su primer y
azaroso encuentro, no dudan en traicionar a Leo (Martín Slipak), el hermano de
él, mientras en la TV
los Beatles cantan All you need is love ( Todo lo que necesitas es amor) .
Ya en los ‘90, con dos hijos adolescentes e inseguros, Roxi
(Vanesa González) y Teo (Santiago Magariños), a quienes prestan poca atención,
instalados en la supuesta comodidad económica, son corroídos por el hastío y se
desata una escena despiadada digna de ¿Quién le teme a Virginia Woolf?.
Finalmente, en 2012, tienen 65, están separados, el alcohol
es un fiel aliado y gozan de jubilaciones privilegiadas. En cambio, su progenie
vive una frustración que no sabe superar. Justamente, el reclamo de la hija
-antes una promisoria violinista solista y ahora una decepcionada
instrumentista- les hará saber que no cambiaron el mundo, sino que lo
avasallaron de manera irresponsable.
Titánica tarea la de corporizar en forma verosímil semejante
recorrido generacional y volcar la multiplicidad de temas expuestos: la usura
del tiempo, el deseo innecesario de dinero y sexo, la falta de compromisos
esenciales, entre otros. Las atmósferas de Edward Albee, J. B. Priestley y
hasta Ibsen impregnan un texto inteligente, teñido de un humor feroz, donde la
risa cabalga sobre el escalofrío.
En la cúspide de sus magníficas carreras escénicas, no
alcanzan los adjetivos para elogiar a Toscano y Vena, tan sólo queda rendirse
ante semejantes talentos. Slipak y González confirman con sus admirables
interpretaciones que el futuro ya les pertenece y Magariños expone promisorios
recursos. Para tamaños ejecutantes se requería una batuta segura, sensible y
rigurosa como la de ese gran director que es Carlos Rivas.
Sonata de voces, ceremonia de cuerpos, el dolor y la
carcajada bordeados de lágrimas y reflexiones, en una propuesta que divierte y
conmueve en dosis parejas. Sin duda, uno de los mejores espectáculos que se
hayan estrenado en este verano.
Fuente; Diario Clarin 15-1-2013
lunes, 14 de enero de 2013
"EVIDENTEMENTE NO FUNCIONÓ
ESO DE PELEAR POR LA PAZ Y EL AMOR"
Gabriela Toscano y Fabián Vena interpretan a un matrimonio
en tres momentos de sus vidas en la pieza Love, Love Love que se estrenó esta
semana. De la lucha por la liberación sesentista y una generación de sueños, al
reclamo de sus hijos adolescentes.
Todo lo que necesitas
es amor!, clamaban los Beatles a finales de los sesenta y en medio de ese
flower power que abría un abanico de posibilidades y patentaba una ruptura de
las convenciones sociales tal como se conocían hasta ese momento. Sin embargo,
tiempo después, en momentos un poco menos optimistas, más de uno se habrá
preguntado: "¿De verdad? ¿Amor era todo lo que necesitábamos?" Un
poco ese contrapunto agridulce es lo que retrata Love Love Love, la premiada
obra británica de Mike Bartlett (el mismo de Cock) que esta semana llegó al
Multiteatro de la mano de Gabriela Toscano, Fabián Vena y Carlos Rivas (en
dirección y adaptación). Y que, a través de la historia de una pareja (que se
conoce con todo ímpetu en los 60, aterriza con hijos adolescentes en los 90, y
llega separada pero tal vez más lúcida al presente), disecciona un poco los
vaivenes emocionales de aquella generación que soñó con tener el mundo en sus
manos y luego, tal vez, debió reformularse en metas más humildes.
"Es una historia que atraviesa el tiempo y ahonda en
los vínculos. No sólo de la propia pareja sino también de ellos con sus padres,
los hijos, los amigos. Y por otro lado la responsabilidad con los propios
ideales", cuenta Toscano, que encarna a Sandra en la obra, y es la pareja
de Dany, interpretado por Vena. "Es como si estuviéramos frente a una obra
que dentro de la simpleza de la comedia dramática contuviera un clásico",
elogia el actor, "porque todos los días te permite descubrir algo
nuevo".
–La obra pone bajo la lupa aquella generación que soñó con
cambiar el mundo en los sesenta y luego debió reacomodarse, ¿qué ven en el debe
y en el haber?
Toscano: –Creo que se
les abrió un mundo diferente de libertad de expresión. Sobre todo en caso de la
mujer, que tuvo una liberación sexual muy grande y que también un poco ocurrió
acá. Lo que pasa es que políticamente acá y allá pasaron diferentes cosas. Fue
una generación que creyó que tenía el mundo en sus manos y en realidad el mundo
los fue ganando a ellos y de hecho durante la obra ves cómo ellos dos van
haciendo lo que pueden. Y al final son los hijos los que les reclaman, los que
le hacen el juicio, no ellos mismos. Al final la obra lo que te dice es que
cada uno hace lo que puede. Pero tiene que ser responsable de lo que va a
hacer. Las relaciones humanas son muy complicadas. No es fácil.
Vena: –Mi problema es
que no hay manera de que yo no pueda defender mi personaje, porque cuando te encarnás
en alguien cuesta llegar al nivel de autocrítica de ese personaje. Quizá no
tienen mucha autocrítica estos personajes y eso seguramente esté en el debe.
Pero imaginando algunas cosas diría que el mundo fue totalmente distinto desde
que apareció esta generación. Fue algo extraordinario lo que pasó en ese
momento. Cómo ponían en el primer plano al amor y la no guerra y toda esa
energía. Es verdad que hicieron lo que pudieron pero también es verdad que
estaban involucrados dentro de un remolino de narcisismo puro: el mundo
empezaba con ellos y terminaba con ellos. Y un poco la autocrítica la traen sus
hijos, que son adolescentes en el segundo acto y adultos en el tercero. Esa
hija de 40 años que viene a nuestra casa a pedirnos misericordia y a acusarnos
de que toda la culpa fue nuestra.
–La historia de los hijos de los protagonistas es un poco la
historia de ustedes mismos como generación...
Vena: –Claro. Y si
pienso desde ahí, como ente social, puedo imaginar a simple vista que esa
revolución social quedó absolutamente en la nada y hasta te diría que ni
siquiera se puede hablar de fracaso sino de desilusión. Pelear por la paz,
pelear por el amor: evidentemente no funcionó nada de todo eso. La imaginación
al poder... ¡Ojalá la hubiera!
Toscano: –Los cambios,
como decíamos, fueron sobre todo en la esfera de la mujer. En ese sentido la
obra es muy rica y sorprendente. No entra en ningun molde. Hay zonas que le va
a resonar a algunas, y otras a otros.
Vena: –Evidentemente
los que son de esa generación tienen bastante quilombo en la cabeza por
resolver. Porque en un momento, con lo que transmite la obra, se va a armar
polémica. Es inevitable que discutas con lo que se muestra en la obra y
pienses: ¿quiénes van a asumir determinados errores?
–¿Cómo es volver a coincidir en una obra luego de
compartieron hace poquito La duda?
Toscano: –En La duda
reemplacé a la anterior actriz y por eso Fabián decía que este es nuestro
verdadero debut creativo en el teatro. Porque nos llevamos bárbaro en La Duda , nos divertimos mucho en
la gira. Y lo curioso es que nos conocimos a los 18 o 19 años, haciendo de
novios para un viejo unitario de canal 13, Estado Civil. Y yo la otra vez le
decía a Fabián: mirá cómo nos conocimos al principio, nos separamos después y
nos reencontramos ahora estando más maduro como actores y la verdad que es un
placer trabajar con él, es un compañero que me banca, me apoya sobre el
escenario. Y siempre tenés que tener alguien donde agarrarte y poder crear
juntos.
Vena: –Sí, nos agarra
en un momento hermoso y disfrutando mucho de la personalidad de Gaby a la hora
de laburar, muy generosa, muy cuidadosa, muy atenta, y a la vez muy concentrada
en su trabajo. Siempre mejorando. La otra vez la reté porque avanzó de una
manera tan fuerte que le tuve que decir ¡pará un poco! (risas).
–Fabián fue padre hace relativamente poco; vos, Gabriela,
desde bastante antes. ¿Cómo acomodan la profesión con las necesidades de una
vida familiar?
Toscano: –Yo tengo un
hijo que cumple 18 años y que sufrió bastante. Hemos hecho con Carlos (Rivas,
el director) cuatro obras juntos, esta es la quinta. Y un día nos dijo: basta
de hablar de teatro.
Vena: –Como dice
Carlos (Rivas): ser padre es cometer errores todo el día.
Toscano: –Que se
yo... Otros son hijos de gente que trabaja en la oficina o que trabaja de
noche, a ellos les tocó ser hijo de actores.
Vena: –Yo tengo una
formación muy clara, muy contundente, sobre este trabajo. Para mí no hay dudas
de que es un trabajo con función social que va más allá de nuestro ego y de
nuestra suerte. Hay algo ahí de tarea que uno tiene. Ya empezás a hablar en
términos mucho mas superlativos que un problema doméstico o una situación de
índole práctico. Entonces hay algo ahí que vengo trayendo yo desde siempre que
es imposible que se modifique en su esencia. Lo que sí te agregaría dentro de
la fantasía que uno tiene respecto a este trabajo y como lo vive, es esta idea
de no resignar. Uno no tendría que resignar. La idea de resignar implica
pérdida, fracaso o frustración y lo relaciono más con perder el eje de lo que
uno vino a hacer a este mundo.
Toscano: –¿Sabés lo
que uno resigna? No dormir a lo mejor...
–Pero una de las primeras frases que te dicen cuando vas a
ser padre es: "Vas a tener que resignar algunas cosas..."
Toscano: –Si uno
quiere ser actor no resigna nada. Los hijos tienen que adaptarse al momento que
uno tiene. Cuando son chicos es cierto que es diferente porque necesitan mucho
más cuidados, pero después se adaptan.
Vena: –Si hablamos en
términos de resignación nosotros desde el vamos estamos resignando los fines de
semana, vivimos a contramano, nuestros días libres son lunes y martes, y lunes
y martes nadie se quiere ir a tomar una copa. Son acostumbramientos que uno
tiene y que son parte de la profesión. «
El hamlet de toscano
Desde que en abril
terminaron las celebradas funciones de Hamlet en Arriba de Rivas, Gabriela
Toscano se tomó el resto del año para descansar. Pero aquella experiencia
todavía perdura. "Íbamos a hacer 16 funciones y terminamos haciendo 130.
Fue realmente muy bueno. Un proceso muy largo el de Hamlet. Hicimos mucho
esfuerzo por sacarlo adelante y logramos nuestro cometido. Ganamos el ACE al
mejor espectáculo alternativo y a mejor actriz. Fueron dos años grabando para
la tele y después ensayando para Hamlet. Muy desgastante. Y ese esfuerzo me
llevó a no querer hacer nada este año. Pero al final era necesario volver
porque sino, en casa, ya me iban a echar porque me empazaba a poner loca
(risas). Viste como somos los actores cuando no trabajamos, empezamos a caminar
por las paredes..."
"es una
generación que trajo cambios"
Carlos Rivas | DIRECTOR
Lo que más me
interesó de Love Love Love fue el tema. Tengo casi la edad de los protagonistas
cuando termina la obra, que cuenta 50 años de vida en una pareja hippie,
despues en los '90 ya casados con hijos, y finalmente ahora, en 2012, cuando ya
están separados. Entonces es una forma de revisar autocríticamente a la
generación de Woodstock. Mi juventud es la misma de ese primer acto de la obra.
Y el balance lo hacen sus hijos ahora, que les preguntan qué fue lo que
hicieron y de algún modo los interpelan. Sin duda se trata de una generación
que trajo cambios revolucionarios en el plano de la sexualidad y de la mujer.
El momento en que la mujer irrumpió en la historia como persona y pudo gozar de
su cuerpo. Pero por el otro lado, fue (fuimos) la generación del mayor
narcisismo que se conoció y de un hedonismo a veces irresponsable, sin evaluar
la responsabilidad que eso conllevaba. Sobre todo cuando hay hijos de por
medio. Porque el cachorro humano es, de todos los mamíferos, el que más tiempo necesita
de sus padres. Las demás especies sueltan a sus presas mucho más pronto. El
humano es más vulnerable. Y uno tiene que saber que esos años de la niñez son
los años que más uno tiene que renunciar a otras cosas para cumplir como padre.
Por otro lado, para la adaptación a nuestro medio tuve una gran suerte porque
me pusieron en contacto con el autor y nos manejamos por mail. Es muy joven,
tiene 32 años. Y entendió perfectamente que yo dirijo obras argentinas. Y
entonces, si bien la historia ocurre toda en Londres es una obra para
argentinos, con actores argentinos y dentro de la cultura argentina.
"una movida muy
audaz de 'la señora'"
Fabián Vena tuvo un
2012 muy ocupado. Pero su intervención en La Dueña , el unitario protagonizado por Mirtha
Legrand que emitió Telefe, se llevó gran parte de las miradas. "Fue un
programa raro, con sus bemoles. La sola presencia de 'la señora' en la ficción
opacaba todo lo demás, se llevaba toda la energía. Y creo que todos los que
estábamos ahí fue más que nada por aparecer en la foto de ese evento. Son cosas
que admiro en muchos colegas y artistas: que estén dispuestos todo el tiempo a
poner en juego su trabajo en pos de un nuevo riesgo. En ese sentido, me pareció
una movida muy audaz de 'la señora'. Y de ahí tomó lo que fue. Después, el
personaje fue muy divertido también. Como hacer un gurú espiritual dentro de
esa familia. Y llevar un poco la carga del humor pero a la vez estar en una
trama siniestra de poder y dinero me permitió llevar el año de una manera
diferente."
Fuente: Tiempo Argentino. 12/01/2013
sábado, 12 de enero de 2013
TEATRO
LOVE, LOVE, LOVE
REÚNE A VIEJOS CONOCIDOS
EL REENCUENTRO
ACTORAL
DE GABRIELA TOSCANO Y FABIÁN VENA
POR CAROLINA
AMOROSO | LA NACION
Fueron novios en televisión y, varios años después, encarnaron a una monja y a un cura enfrentados por un incómodo interrogante en La duda, la obra de John Patrick Shanley que dirigió, en su puesta argentina, Carlos Rivas. Hoy, con más años (traducidos en madurez y experiencia), Gabriela Toscano y Fabián Vena se vuelven a encontrar en escena ante la mirada del mismo director. En esta oportunidad, los unirá Love, love, love, una comedia dramática del joven Mike Bartlett (Cock) sobre la difícil tarea de "hacerse cargo".
La trama de la pieza, premiada como la mejor obra nueva del 2011 en el Reino Unido, gira en torno a una pareja de hippies (Sandra y Dany) y recorre sus vivencias en la década del sesenta, cuando se conocen y se enamoran; en los noventa, con una familia armada y, finalmente, en los tiempos que corren, cuando deben enfrentar los conflictos de sus hijos. Acompañan en escena a los dos protagonistas: Vanesa González, Santiago Magariños y Martín Slipak.
En una charla con LA NACION, Vena y Toscano hablan sobre este nuevo encuentro, los desafíos y las virtudes del texto, sus proyectos para este año y sobre el lugar que ocupa la televisión en sus vidas.
-¿Qué los motivó de esta obra?
Gabriela Toscano: -La verdad es que lo vi muy entusiasmado a Carlos Rivas [ríe]. Nos la vendió muy bien a todos. La leímos y es una gran obra. Creo que Carlos por ser de la generación que vivió los sesenta, que es de la que trata la obra, tiene otra visión. El tema de la obra es la responsabilidad, la que tienen los personajes con sus propias convicciones, como padres y como ciudadanos.
Fabián Vena: -Bueno, Gaby y Carlitos son fundamentales, y Nacho Laviaguerre, el productor. Imaginate que es como si te llamaran del mismo grupo con el que saliste campeón de América. Lo que primero me provocó fue mucha alegría, de que haya un nuevo proyecto que nos convoque a todos. Cuando leo la obra me pongo en alerta porque es muy seria en todo lo que a mí me interesa, que es la profundidad del material, el riesgo interpretativo, la precisión en los temas y la responsabilidad es el gran tema, como padres, como seres en esta sociedad. El espectador no va a quedar vacío sino todo lo contrario.
-Gabriela, ¿qué significa para vos la figura de Carlos como director?
G.T.: - El otro día estaba pensando que nosotros empezamos a trabajar juntos después de 11 años de convivencia. Y como funciona muy bien, creo que por eso nos elegimos todo el tiempo. Él es un gran director. Primero, porque sabe mucho de lo que es contar una historia. Una de las cosas que él dice y que más me interesan es que nosotros tenemos que hacer una experiencia sensible para que el actor pueda ser atravesado.
-Ustedes vuelven a ser dupla después deLa duda, ¿qué pasa entre ustedes escénicamente?
G.T.: - Acá nos encontramos mucho. Estamos muy cambiados como actores.
F.V.: -En principio son personajes completamente diferentes. Asi que verla a Gaby con un despliegue absolutamente diferente ya de por sí cambia. También lo que aparece es una maduración constante. El tiempo creo que beneficia nuestro trabajo. En ese sentido, creo que hemos acumulado más experiencia, más adultez, más tranquilidad.
-¿Qué cualidades rescatan en el otro?
G.T.: - Como humano, es muy buena persona y me gusta mucho como actor porque se conecta. Viste cuando decís: "Éste es el proceso soñado". Bueno, es éste. Es muy emocionante tener un compañero que haya hecho una carrera como la que hizo él.
F.V.: - Avalo las palabras que tiene Carlitos para con Gaby en decir que estamos en presencia de una de las mejores actrices que tiene nuestro teatro... La expresividad teatral que tiene Gaby realmente se da en muy pocas actrices. Vos sabés que la vas a ver a Gaby en teatro y vas a ver un trabajo puramente teatral en cuanto a la calidad de la expresión... Y como persona, es un amor. Es una gran compañera, es una persona que está siempre preocupada por el trabajo, te cuida, está atenta a cómo ayudarte y tiene cero problema, o sea, demasiadas cosas como para no llamar la atención y admirarlas.
¿Qué proyectos les esperan para este nuevo año?
G.T.: - Por ahora he dicho que no a una novela que me ofrecieron. Me tomé un año de tranquilidad. Dije muchos "no". Los dos años anteriores hice Para vestir santos y El puntero , y yo necesito llenar la bolsa para poder actuar. Porque uno se repite mucho. Uno actúa con su propio instrumento y entonces tiende a repetirse. Después del estreno, si vienen proyectos de tele o de cine, los evaluaré.
F.V.: - Estoy empezando a grabar Lo dijo papá , una remake de Grande, Pa !, con un personaje divino, un poco inventado, porque no había en la original un tío medio irresponsable y cabeza hueca al que le gustan las mujeres y las motos, que es el personaje que hago. Es todo lo contrario a papá, que tiene que cuidar los hijos, que tiene que criarlos y que tiene que cuidar de la empresa.
-¿Qué lugar ocupa la televisión en sus vidas?
G.T.: - Yo entré grande al teatro, porque yo me crié en televisión. Soy una chica de televisión que después se forjó en la actriz que soy ahora. Yo adoro el teatro, y seguramente voy a morir haciendo teatro. No reniego de la televisión porque, como decíamos, sabemos lo que es. Somos actores populares y nos gusta esto.
F.V.: -Lo aprendimos a hacer muy jóvenes también. Y, lejos de renegar, nos apasiona hacer televisión. Pero para mí todo empieza y termina en el teatro. Cuando me empecé a formar en el teatro como estudiante, veía a la tele como algo inaccesible desde los principios, desde un prejuicio aparentemente ético desde la profesión. Rápidamente descubrí que podés ser actor de televisión si los valores del oficio están respetados. No hacer un reality, sí hacer un trabajo donde tengas que componer un personaje. Empecé a comprenderla mucho después de haber debutado en el teatro. Tuve una suerte enorme porque rápidamente empece a trabajar en TV desde muy joven y ahí me di cuenta de que podía desarrollar mi oficio tranquilamente en televisión y que requería de otra técnica, en todo caso.
G.T.: - La inmediatez.
F.V.: - La televisión requiere de cosas resueltas. Ahora, sí o sí. Y nos ha pasado de estar en los primeros ensayos y Carlitos nos decía: "Chicos, paremos. Tenemos dos meses y pico. Está bárbaro lo que hacen pero ¿no suponen ustedes que hay otro tipo de expresión o que hay otra imaginación al respecto?"
-¿Qué preguntas resuenan en ustedes haciendo esta obra?
G.T.: - ¿Qué les vamos a dejar a nuestros hijos? A mí me resuena sobre todo esto de cómo las mujeres en esa época tuvieron que hacer de tripas corazón para que hoy nosotras tengamos el lugar que tenemos.
F.V.: -Me resuena la inconsciencia de los actos, cómo uno sin darse cuenta dice barbaridades o hace actos execrables; la falta de herramientas de un adulto a la hora de saber dar con las soluciones... Cuando tenés material para trabajar, como tenemos ahora, tenés todo. Es hasta donde te dé el corazón, la cabeza y la imaginación.
Love, love, love
Multiteatro
Funciones: jueves y viernes, a las 20.30; sábados, a las 20.30 y 23 y domingos, a las 20.30
Precio: $ 170
miércoles, 9 de enero de 2013
TEATRO
Love Love Love:
el amor y el paso del tiempo
El jueves, Gabriela Toscano y Fabián Vena estrenan esta obra sobre tres momentos de una pareja. Los dirige Carlos Rivas.

08.01.2013 | Por Juan José Santillán
jsantillan@clarin.com
All You Need is Love es la edulcorada canción de los Beatles en la que se inspiró el autor inglés Mike Bartlett, que tiene actualmente poco más de treinta años, para sacudir las sobras de todos los valores que predicó la generación sesentista, hippie, reformista y fumona en la que tanto gozaron sus padres. El resultado es Love Love Love , un texto dividido en tres actos que arranca en 1967, cuando se conoce la pareja protagonista, Sandra (Gabriela Toscano) y Dany (Fabián Vena), hasta la actualidad, cuando ambos son jubilados y tienen algunas cuestiones por saldar. Sobre todo, con sus hijos, testigos infalibles de todos los derrapes de papá y mamá.
Hace seis años, Gabriela Toscano reemplazó a Susú Pecoraro en La duda , que giraba en torno al abuso de niños cometido por curas. “Con Toscano y Vena esa obra hizo una gira nacional y más de trescientas funciones”, memoriza Carlos Rivas, también director de aquél espectáculo. Ahora el trío se vuelve a reunir esta temporada veraniega, en las coordenadas de Love Love Love , una comedia dramática que, especula Vena en un rapto de productor visionario: “Tiene un punto en común con La duda : va a generar polémica. Ahí radica la esperanza de que lo nuestro funcione a nivel comercial”.
“La duda” transcurría en unidades de tiempo y de lugar fijas. Mientras que en “Love Love Love” sus personajes recorren más de cuatro décadas durante las dos horas que dura el espectáculo ¿cómo han encarado esta exigencia del material?
Toscano : Con vértigo, porque lo hacemos en muy poco tiempo.
Vena : En la obra contamos con una franja de exploración y de riesgo importante. Los personajes viajan por tres actos: desde una adolescencia ligada al Flower Power ; luego pasan por los ‘90, donde son padres, tienen hijos adolescentes y deben pelear la situación doméstica, el colegio de los chicos, la plata. Finalmente aterrizan en la actualidad donde están jubilados. Es decir, que en todos los actos pasamos por temas muy distintos entre sí.
¿Cuáles?
Rivas : La responsabilidad con los ideales, con la pareja, con los hijos, con la política. El autor se pregunta ¿qué pasó con los ideales que tuvo esta pareja a la hora de mantener un núcleo familiar? Los personajes no son políticamente correctos, sino inconscientes de todo lo que hicieron. Y los hijos juzgan a esa generación hippie.
Toscano : Para reconstruir el paso del tiempo me sirvió pensar en mi mamá. Ella tiene 72 años y no “se hace” la viejita, sino que es así. Nosotros en escena no queremos hacer una maqueta de la edad, sino que tratamos de recrear esos estados generacionales.
¿Qué trabajaron especialmente en este nuevo encuentro?
Rivas : No necesité trabajar con ellos, porque son muy buenos actores. Lo único que hice fue aclarar muy bien qué los vinculaba, cuál era el motor que movía a estos personajes.
Vena : Carlos (Rivas) nos aclaró que lo más importante es transmitir lo vincular. Y para alcanzar eso tenemos que lograr un desapego de “actuar bien”. Intentamos que nuestros personajes se vean como seres humanos en todas sus contradicciones.
¿Cómo piensan esta “no actuación” de la que hablan?
Rivas : Se trata de encarnar a estos seres. Esta obra se podria agarrar por el lado de “hacer” de viejos, luego de “jóvenes” y finalmente uno se pregunta: “¿de qué me quieren hablar?” En una de nuestras primeras pasadas enteras de la obra, uno los veía a ellos que no “hacían de”, sino que hablaban desde la edad y desde la época. Y eso implicaba un comportamiento. El trabajo no está puesto en la exhibición del oficio y de la pirotecnia del actor, sino en ubicarlo en la dirección correcta para que transmita un tema que puede ser muy polémico: el juicio de los hijos a los padres en su implicancia política y amorosa.
Toscano : Contamos con la libertad de que mientras lo que hacemos como actores “suceda” en el escenario, podemos movernos por donde querramos. Por ejemplo, hoy hacemos una escena acá y otro día nuestros movimientos serán completamente distintos.
Algunos directores plantean la obra como un ensayo abierto, inacabado. Incluso dirigen desde adentro de la escena, a lo Kantor.
Rivas : Esto es todo lo contrario. No hay nada más orgánico que cuando un actor entiende el concepto de la puesta. ¿Qué es más importante transmitir claramente lo que les pasa o pararlos para que les dé bien la luz? Finalmente, todo pasa entre el actor y el público. El director ahí ya no ocupa ningún lugar.
¿Es complejo contar con esa libertad en un ensayo para el teatro comercial?
Vena : No, porque cuanto más información tenés, más libre te sentís arriba del escenario. Uno empieza a deambular en un ensayo cuando no tiene en claro qué quiere contar.
Rivas : No comparto en general el concepto de los últimos treinta años, al menos en la Argentina, vinculado a la súper figura del director. En el sentido en que los actores se convierten en agentes de prensa de los directores en escena. Al contrario, creo que el teatro tiene una misión: transmitir algo a la comunidad que se arma en la platea, que la haga reflexionar. Cada noche acá confluye un tipo que proveniente de San Isidro con otro que viene de una villa Miseria.
Esta platea no es de lo más tolerante en materia económica. Las entradas arrancan en $ 170.
Rivas : Es verdad, pero sí pueden venir un empresario y alguien de Bernal con ganas de ver actuar a Gabriela Toscano y a Fabián Vena. Ellos vienen a realizar una experiencia de naturaleza sensible y de conocimiento. No vienen a ver la exhibición del director, del iluminador. Esa comunidad ansía que le pase algo de naturaleza sensible, nadie va al teatro para que no lo conmueva nada.
Ustedes, Toscano y Rivas, son pareja. Has contado, Gabriela, que tu marido fue muy riguroso con vos en las devoluciones que te hacía como director. ¿Modificaron eso?
Rivas : A veces la maltrato un poco más o soy más amoroso con el resto de los actores que con ella. Eso nos pasó y fue un error de mi parte.
Vena : Vos no transás con lo riguroso, cuidás cómo decirlo, pero no te guardás nada a la hora de decirle algo a un actor.
Toscano : Creo que en su caso riguroso no quiere decir estricto, jodido, sino que no se le escapa nada. Y eso es muy importante.
Fuente Diario clarin 8 de enero 2013
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