jueves, 10 de septiembre de 2009

CINE / CRÍTICA de la pelicula LAS VIUDAS DE LOS JUEVES

Retrato de algunas vidas llenas de nada

Marcelo Piñeyro adapta a la pantalla grande el best seller de Claudia Piñeiro con un elenco de primera línea. El resultado es, incluso gracias a sus fallas, interesante. Un universo de personajes reducidos a gestos y a lugares comunes. 

Leonardo M. D’Espósito 


Hay películas que son más interesantes por lo que no logran que por sus aciertos: Las viudas de los jueves forma parte de ese grupo. Es también esa clase de films donde un realizador parece en lucha constante con su material de base, en este caso la novela de Claudia Piñeiro del mismo nombre. Estas premisas obligan a pensar en los límites de una estética. La historia es la de cuatro parejas que viven en un country. La muerte de tres de los maridos, que aparecen flotando en una piscina, obliga a tratar de comprender la causa de esas muertes. Lo que lleva a mostrar las últimas semanas de estos personajes.

Primer punto interesante: el film no condena la vida en los countries sino que la retrata. Es un mundo ordenado, pero ese orden se sostiene con la afluencia constante de mucho dinero. No hay en el film, como podría ser en el caso de un grotesco bien pensante, tilinguería subrayada, aunque todo se subsume en lugares comunes. El problema reside en que el country es, tanto metafórica como literalmente, un lugar común. La gran falla del material es que el espectador no logra comprender qué tiene de atractivo esa vida; de esa manera, no hay demasiada posibilidad de empatía con ellos. No nos caen ni bien ni mal; sabemos que carecen de moral y sólo temen la falta de dinero. De hecho, la pareja menos interesante –y aquella donde más se nota el esfuerzo de Piñeyro por darles algún peso dentro de la trama– es la que forman Juan Diego Botto y Juana Viale, justamente la única que no pasa por angustias económicas (o la que no menciona dinero o apariencias).

Piñeyro intenta, variando la edad de los protagonistas, incorporando su sexualidad –más como dato que como tema– y construyendo un fuera de campo perfecto en la secuencia final, darle peso al material que tiene entre manos. Pero resulta que esas personas carecen por definición de peso dramático: son seres vacíos en una vida que es nada. Una nada tan conseguida en la distancia fílmica que crea, paradójicamente, el desinterés sobre el misterio, sobre la trama y la historia. Simplemente, no hay misterio, ni trama. Hay historias, pero son triviales. Así, la única alternativa para generar esa empatía es el diálogo. Aunque no es sobreabundante, sí es sobreexplicativo. ¿Cómo explicar la nada? El film se desliza poco a poco entre esos apuntes de gestos mínimos y termina siendo ni bueno, ni malo, sino cómodo. 

En este panorama desconcertante, aparecen los personajes de Gabriela Toscano y Leonardo Sbaraglia. Quizás inconscientemente, terminan generando la única verdadera empatía del film y son –como el espectador en su mayoría– un injerto en ese mundo. El resto son figuras en un paisaje. El problema básico del film (lo que genera la insatisfacción, pero también el interés) es que este tipo de acercamiento se contradice con la intención, implícita en el cast y en los valores de producción, de ser al mismo tiempo un entretenimiento para todo público. Las viudas..., una vez eliminada cualquier alternativa de misterio, requería otro tipo de ejercicio, uno que careciera de personajes, de actores conocidos, de rubros técnicos perfectos. Requería, en suma, del documental de observación. Al eludir ese punto, al ser Piñeyro ecuánime con los personajes, la insatisfacción de sus criaturas termina invadiendo el film como un todo. Sólo cuando bajan del tinglado, cuando –en la secuencia final en la piscina– el personaje de Pablo Echarri dice con naturalidad lo que dice, aparece una chispa de lo humano: justo en el gesto de volver trivial –también– la muerte.


Fuente;10.09.2009 DIARIO CRÍTICA 

1 comentario:

jorge dijo...

La novela tanpoco pontifica, simplemente relata y es eso lo que la hace distinta. Tengo dudas si el que no leyo la novela consigue instalarse en la pelicula.En la novela una de las protagonista pide prestada una tarjeta para comprar un perro en cuotas y otra que se pasea por el hause con la mucama despertando la inquina de todos. Me da la impresion que Piñeiro filmo estas escenas y despues en el montaje las descarto para no hacerla larga. En el libro las mujeres no son tan inoscentes y otra cosa en los medios me da la imprecion que muchos por vivir en forma parecida muchos se sintieron tocados por eso la pelicula fue un poco retaceada

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