martes, 6 de marzo de 2007

ENTREVISTA A GABY



—¿Tiene algo de especial para usted esta plazoleta de Belgrano, en Juramento casi Cabildo, pegada a la iglesia?

—Cuando era chica vivía en Olazábal y Amenábar. Iba a un colegio cruzando la plaza. La iglesia era una referencia. Después allí tomé la comunión. Ahora vengo a tomar café a esta plazoleta.

—¿No le molestan las palomas?

—A veces son muy fastidiosas. Algún día me van a decir: "Che, dame un poco de café". ¡Siempre quieren mis brownies!

—¿Dónde vive ahora?

—En Saavedra, frente al parque. Siempre he vivido por la zona. Creo que éste es mi lugar: todavía se escucha al afilador, al churrero que viene los sábados y domingos, también pasa con su altoparlante un tipo que vacuna perros. Lo que no se conserva tanto es la costumbre que tenía yo cuando era chica de jugar en la calle. A Bruno, mi hijo, lo tengo que llevar al Parque Saavedra.

—¿Van seguido?

—Lo usamos mucho. Desde que lo parquizaron, la gente sale a correr, a andar en bicicleta, a patinar. Desde hace unos meses hay una feria de artesanos de Saavedra. Y los jueves y domingos está la feria para comprar verdura y pescado. El parque tiene vida propia. En estos momentos es lindo ver cómo se reúnen los vecinos. La muni colabora poniendo aros de básquet, las redes para jugar vóley... Ahora, en el parque, podemos hacer otras cosas además de tomar mate.

—¿Qué fue lo último que le compró a un artesano?

—Compré un juego que es, ehh, bueno, es un hilito, que tenés que sacar, es como un laberinto...

—¿No le parece que la engañaron?

—(Se ríe.) No, no lo sé explicar, pero es divertido


FUENTE: Clarin (07/04/02)
1.01 “CUATRO AMIGAS Y UN FUNERAL”


Número de capitulo: 1.01.

Sinopsis: Todo comienza cuando Alicia Oviedo, un ama de casa del barrio Manzanares, se suicida y empieza a narrar los episodios desde la tumba. La muerte de Alicia deja atrás un misterio que involucra a su marido Pablo, su hijo René y un misterioso arcón de juguetes. Alicia desde su elevada posición nos comenta las vidas de sus cuatro amigas, Lía, Susana, Vera y Gabriela. Y planea contarnos todos los deliciosos secretos que se esconden detrás de cada puerta en este aparentemente perfecto barrio argentino.



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lunes, 5 de marzo de 2007

"Medianoche de psicoanálisis"
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"El río me arrastraba y yo me esforzaba para llegar a la orilla. En un momento empecé a volar", cuenta la actriz Gabriela Toscano. Esa frase se la dice a la médica psicoanalista Luisa Kremer, que conduce el programa "Medianoche de psicoanálisis". Ella está frente a las cámaras para que los famosos le cuenten sus sueños o, en el caso de Toscano, sus pesadillas.
"Trato de mostrar cómo es el tema de la interpretación de los sueños, desde el punto de vista psicoanalítico", señala Kremer a LA NACION.
La médica le va a decir a Toscano que ese río representa a su madre. "No le digo al entrevistado todas las cosas que debería porque sería un desvelamiento brutal de su intimidad", expone. Entre tantos sueños e interpretaciones, esa emisión mediría 0,7 puntos de rating.
Fuente: 9, Febrero de 2006 La Nacion
SPA (Canal 7)
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DIEGO PERETTI Y GABRIELA TOSCANO, DESPUES DE LOS MARTIN FIERRO A “CULPABLES”
Peretti y Toscano se llevaron los Martín Fierro a los protagónicos en unitario/miniserie.
“El programa hablaba de lo que iba a pasar aquí”

Puestos a buscar razones para tanto premio, los ganadores de los roles protagónicos y el Oro prefieren centrarse en las bondades de la serie antes que en las internas de Aptra con el 13 o Suar. Sostienen que hay que mejorar el premio, pero ante todo mejorar la misma televisión.
Por Patricia Chaina
Aún entre la excitación del premio y la premura de los proyectos que comienzan a gestarse, Gabriela Toscano y Diego Peretti mantienen la calma. Los dos fueron distinguidos con los Martín Fierro correspondientes a las mejores actuaciones individuales en programa unitario (por “Culpables”, de Canal 13), durante la entrega de los premios que Aptra otorgó a la labor televisiva del año 2001. Además, esa noche también se llevaron el premio mayor: el Martín Fierro de Oro, que recibieron junto con los guionistas del programa, en ausencia del productor y creador del ciclo, Adrián Suar, que está frontalmente enemistado con las autoridades de la entidad. Los actores premiados coinciden en que la arbitrariedad en los criterios de Aptra es algo así como un karma para la credibilidad del premio. La enfrentan, con sus mejores armas: convencidos de que ganaron por haber hecho “un buen trabajo”, según explica Toscano.

–¿Aptra los premió para achicar distancias, sintiéndose culpable por los episodios anteriores?
Diego Peretti: –No lo sé, pero no soy necio y sé que hay una interna, entre el grupo Clarín y Canal 13, enfrentados con Aptra. No quiero emitir opinión porque no sé los vericuetos reales de esa interna. Pero internas hay hasta en el Oscar, y me parece que acá, habiendo un espacio laboral tan reducido y una crisis tan grave en el país, situación de crisis donde la gente suele unirse, que haya interna suena un poco ridículo. No es culpa de nadie, sé que existe y no sé si habrá afectado o no la premiación. Pero sé también que “Culpables” fue extraordinario. A mi criterio, merecía el premio.

–Quizá Aptra aprendió de la experiencia crítica a nivel social: vio que si no legitimaba el Martín Fierro a través de un ciclo que mereciera reconocimiento, dejando pasar el lobby y las influencias ante los que cedió en años anteriores, se podían terminar la fiesta... y Aptra.
Gabriela Toscano: –Yo creo que todos aprendimos. Hubo premios bien merecidos, otros no tanto, pero fue más parejo y menos arbitrario que en otros años. Aunque este país se cuestiona todo y hay que cuestionarse esto, no hay que destruirlo sino mejorarlo. Los argentinos destruimos todo y, se quiera o no, este premio es histórico y se ha hecho popular. Entonces, cuidémoslo. Yo nunca estuve nominada. Los premios uno no los elige, uno trabaja y vienen a uno. Si querés estar en el juego, vas y te sentás y esperás, y si ganás muy bien, y si no todo bien. Claro que es muy especial cuando uno tiene el suyo.

D. P.: –Uno que está en el medio comprende algunas variables, pero otra gente, familiares o amigos, toman el premio como una distinción muy importante. La TV es muy popular. Habría que trabajar por mejorarla. Hay que ser digno del poder de penetración que tiene la televisión.
–¿Se imaginaban que iban a ganar sus premios individuales?
D. P.: –No esperaba recibirlo, de verdad, creí que lo recibiría Alfredo (Casero), y hubiera estado muy bien recibido porque su actuación fue muy buena. La verdad, dentro de “Culpables”, todo el elenco era bueno y cualquiera hubiera podido ser nominado.
G. T.: –El equipo era muy bueno, aunque al principio estábamos todos muy inseguros, porque había que buscar un código entre todos. Entre Alfredo y yo (su pareja en la ficción) dentro de la escena nos teníamos que adaptar, porque él tiene una impronta muy ligada con la improvisación. Fue un buen trabajo. Pero no me imaginaba ganar mi terna. Era difícil, me sentía afín artísticamente con Mercedes (Morán) y Valeria (Bertucelli), y si perdía era con las mejores. Pero tenía ganas de ganarlo, cuando uno está nominado quiere ganarlo. Sabía que “Culpables” iba a ganar porque el año pasado se habló mucho del programa, a la gente le gustó y se notó.
–Aptra premió una ficción cuando lo periodístico, más allá de la cuestión social, se impone por los bajos costos. ¿Esto abre más puertas?
G. T.: –Premiar a la ficción en este momento es apostar al arte, que aflora en los momentos de mayor crisis. No es casual que hoy haya unmovimiento de teatro off Corrientes muy fuerte, los actores cobran menos en teatro y en televisión. La gente relega cosas en pos de seguir construyendo. Porque aunque todo se caiga, no nos pueden robar la imaginación. La ficción materializa esa capacidad. “Culpables” es un ejemplo. Tenía humor, era irónico y ya hablaba de lo que iba a pasar con el país, porque mostraba a la clase media en crisis. La desocupación, la caída del sistema productivo y en ese marco, las relaciones personales.

D. P.: –Tuvo un recorrido interesante porque fue un ascenso. Soportó la mochila de “Vulnerables” en cuanto a su prestigio, hasta que se ubicó en el discurso. A partir de ahí sólo creció, y fuimos enganchando a un público selectivo como es el de las 23.–¿Cuál creen que fue, más allá de las actuaciones, el soporte de la popularidad del ciclo?D. P.: –Una de las discusiones era no centrarlo en la denuncia social sino escarbar en el medio pelo de la clase media, y cómo eso produce que la sociedad se vaya denigrando. Ponía la lupa en formas de ser e ideologías de la clase media argentina, muy apegadas a las apariencias, a la doble vida, a cubrir las miserias, a no poder reflexionar. Mi personaje no reflexionaba sobre qué le pasaba, y seguía adelante con una necedad y un músculo típicamente argentino para tapar lo que le afectaba, que por otro lado si lo pensaba podía ayudarlo a transformarse.
G. T.: –Es que no se trataba de un programa políticamente correcto en el accionar de los personajes. Uno es humano y se equivoca. Y mostraba eso. Pero no dejaba de ser profundo, porque el que miraba sí reflexionaba sobre eso. Hay que pensar en el que está mirando. Yo soy un engendro de la TV, hice cine, no mucho, hasta que descubrí el teatro. Lo que aprendí ahí cambió mi actitud de trabajo. Porque había entrado al medio como a jugar. Mi instrumento daba hasta ahí. Con el teatro descubrí que podía hacer cosas de mejor calidad y eso, aplicado a la TV es maravilloso. No sólo por uno, sino por la gente, la gente lo merece.
–No toda la televisión permite eso...
G. T.: –Hay que esforzarse por hacer personajes de calidad en TV. Se puede en los unitarios, porque hay más tiempo. Es como hacer una buena comida, buscas los ingredientes, los preparás. Frente a eso está la tira, que para mí es una especie de máquina del amor. Es apasionante pero más difícil mantener el personaje.

D. P.: –En el arte se construyen las cosas, se ensaya, se improvisa, se decide y se hace. En la tira hay actores que trabajan dormidos y se nota, y otros con actuaciones fantásticas. Pero los momentos buenos de una tira son algo imposible de aprehender. Eso me produce cierta desconfianza: ¿Dónde está la magia, cómo se llega a eso? Ese análisis me supera. La cuestión es trabajar cada día con mayor convicción por hacer un producto mejor.//
Fuente : Diario Pagina 12 /03-Ago-2002
DETRÁS DE LAS NOTICIAS


Desde aquella imborrable publicidad de margarina (“era para untar”), Gabriela Toscano siguió creciendo en su vida personal y profesional. Después de unos años de dedicación casi exclusiva al teatro, ahora volvió a la televisión en el papel de Victoria, la alterada productora general del noticiero de Primicias.

por Sandra Chaher
Hay actrices que proyectan ostensiblemente su ambición. Que compiten abierta o elusivamente con sus pares. Que sólo podrían pisar el primer escalón del podio. Gabriela Toscano no es de ésas. Reaparece después de muchos años en una tira televisiva y sorprende el cambio en su actuación, que ya se venía percibiendo en una que otra intervención temporal en la pantalla chica y en el teatro. Sus personajes tienen matices, sutilezas, hay una composición que parte de un centro trabajado, reflexionado y observado con detalle. En muchos está el recuerdo de aquella chiquita que empezó haciendo comerciales, después una tira tras otra, o apartándose de una manifestación en la película Sur, de Pino Solanas, para mostrarle sus tetas grandes a un compañero desencajado. Después, casi desapareció. Hasta hace apenas unos meses, encarnando a Victoria, la obsesiva productora televisiva que compone en Primicias. Y a rodar de nuevo. No porque en el medio no haya estado en el camino, pero fue otro tipo de tránsito. De la mano de Suar esta vez –un productor que hizo que los argentinos sepamos que tenemos buenos actores, lo que falta es trabajo e intuición para verlos–, Gabriela volvió y quiere que el retorno sea el punto de partida de una nueva historia, en la que la protagonista sea la mujer que aprendió a ser en estos años. “Lo que yo busco es actuar cada día mejor –dice en su camarín de Polka, en una derivación tangencial de una respuesta sobre la competencia femenina–. No ha sido fácil mi carrera porque yo era una nena cuando entré. Tuve mucho conflicto con esto, porque siempre pensé que era una nena que trabajaba en televisión, y en la adolescencia me doy cuenta de que tengo un don y lo empiezo a desarrollar. Pero durante muchos años me pregunté si era esto lo que yo había elegido, si tenía talento. Hasta que lo asumí, y ahí empecé a desarrollarme más como actriz. Eso fue a los 24 años. Tarde. Y en los últimos años mis personajes son diferentes.” Alguna vez dijo que elegía sus papeles por el producto, el personaje, o según cómo anduviera su bolsillo. En la Victoria de Primicias coinciden más o menos las tres cosas. “Es un papel muy rico. Ella quiere ser la mejor productora, entonces es super obsesiva, y además es una mujer que no se guarda nada, que no tiene pudor en decir la verdad. Detrás de esta Victoria que estoy haciendo va a haber otras cosas más adelante, como que tiene una vida un poco oscura. Pero lo que me interesaba era contar cómo era una persona obsesiva por una profesión.”

–¿Investigaste para componerla?

–No, empecé a pensar cómo sería producir las noticias. Más que nada me di la posibilidad del vuelo. Ya desde la hora a la que se levantan, que leen todos los diarios, escuchan las radios, están a mil, y ese estrés me empezó a dar el papel, cómo es la vida de esa persona, y vas creando un mundo adentro tuyo. Yo lo tomo como un programa de ficción, no como que esta es la realidad de los periodistas. Muy pocas veces hice trabajo decampo. Y estoy muy contenta desde dónde armé al personaje, estoy teniendo muy buena respuesta. A veces escucho la radio y dicen “acá tenemos una productora que se parece a Victoria”, entonces digo “voy bien”.
Gabriela tiene 34 años, y desde los 24 en que paró la pelota, hasta hoy, su vida emocional y profesional se entrelazaron para despejarle el camino a esta mujer que dice haber hecho el viaje a la madurez del amor, la maternidad y cierta claridad de objetivos. Sin lagañas en los ojos verdes, afirma: “A mí me gustaría que esto fuera el principio de otra cosa. Poder poner todo lo mío en este producto para mostrar más, que aparezca este cambio que se viene generando en mí, y profundizar los matices de los papeles ya de mujer. Y no sólo en televisión. Yo quiero volver al teatro y también me gustaría hacer cine.”
La mutación tiene, en buena medida, nombre y apellido: Carlos Rivas, el director teatral con el que está en pareja desde hace siete años, el papá de Bruno, su chiquito de cinco años. “El empezar a estar con Carlos coincidió con la convocatoria que me hizo Augusto Fernándes para participar en Madera de Reyes (después vendría su memorable Masha, en La gaviota, de Chejov, con el mismo director). Para mí eso fue descubrir el teatro. Pero además lo descubro a partir del momento que me enamoro de mi marido y vivo al lado de un director. Había cosas que yo sabía de la actuación pero no las podía formular, me movía por intuición. Y ahora puedo preparar un papel. Es difícil, no sé cómo explicarlo. Antes yo estudiaba la letra e iba a grabar, era como un chico, que actúa bárbaro pero no puede profundizar. Y a través de las charlas con mi marido descubro que yo sabía muchas cosas. El me decía ‘lo que te pasa es esto o aquello’. Si a mí me preguntaran qué maestro en tu vida marcó tu carrera, yo tendría que decir: ‘Sí, Carlos Rivas fue la persona que me develó los misterios de la actuación’.”

–Una vez dijiste que te gustaba que la gente se identificara con tu personaje. ¿Es tu faceta egocéntrica?
–Uno piensa para qué es actor, porque es muy egocéntrico ser actor, uno va y actúa, pero qué le da a la gente.

–Podrías no tener esa preocupación.
–Claro, pero la tengo (risas). Entonces el tema es develarle algo al otro que está sentado ahí. Muchas veces, estando en el cine, sentí a través de un personaje “uy, mirá cómo era esto”.
Fuente :Diario Pagina 12 (22-02-00 Las 12 Suplemento)

sábado, 3 de marzo de 2007

Tensa y sorprendente, "La prueba" de Auburn tiene además una excelente interpretación
Otra mente brillante en peligro
Por: Patricia Espinosa

«La prueba» de D. Auburn. Dir.: C. Rivas. Int.: G. Toscano, P. Rago, O. Santoro y C. Reyna. Esc.: C. Rivas y M. Papanicolau. Ilum.: F. Dopazo. Vest.: P. Herrera. Mús.: N. Posse. («Multiteatro»). 

Ganadora en Estados Unidos de los premios más prestigiosos de la escena (entre ellos el Pulitzer) «La prueba» es una sencilla historia de amor muy bien contada, que apela a la emoción y a una intriga inteligente, de ésas que mantienen al público en vilo hasta el final. 

En «La prueba» el universo de las matemáticas funciona como un oportuno contexto para hablar de los criterios de normalidad, genialidad y locura que, de alguna manera, afectan cualitativamente a todas las relaciones humanas. Al menos esto es lo que ocurre en el mundo de Cathy, una joven muy dotada para las matemáticas que abandonó su carrera -a todas luces promisoria para cuidar a su padre- víctima de un creciente desequilibrio mental. 

El día en que se celebra el funeral de este prestigioso profesor de la Universidad de Chicago (una institución de la que egresaron 75 premios Nobel), Cathy cumple 25 años, una edad supuestamente límite para una ciencia tan exigente. La llegada de Hal, un joven ex alumno del matemático va a provocar una gran revolución en la vida de la perturbada Cathy, temerosa de haber heredado no sólo el talento de su padre sino también su locura. 

Mientras Hal intenta relevar la supuesta herencia científica del genial profesor va enamorándose de Cathy, pero el idilio se rompe con la llegada de Claire, una ambiciosa ejecutiva de Wall Street para la que los números sólo significan dinero. Su objetivo es vender la vieja casa familiar y llevarse a su confundida hermana menor a New York. 

La obra tiene una estructura muy sólida, alimentada con numerosos flashbacks y una intriga que se ramifica en diversos interrogantes (¿los genios matemáticos son proclives a la locura? ¿decae su talento pasados los 25 años? ¿puede una mujer destacarse en esa área?). Desde luego, el enigma principal tiene que ver con la misteriosa prueba matemática que da título a la obra y cuya autoría discuten la competitiva Claire y el ahora escéptico Hal (¿la prueba es de Cathy, como ésta insiste en afirmar, o de su padre?). Esa falta de fe, desata una enorme crisis psíquica y emocional en la joven que da origen a una de las escenas más conmovedoras de la obra. 

«La prueba» es una historia entre matemáticos, no sobrematemáticas. De la prueba en cuestión el público apenas se entera que está relacionada con «un teorema sobre números primos». Pero, a través de las matemáticas,David Auburn creó una metáfora sobre la fuerza integradora del amor frente a los excesos de la razón, el materialismo y las conductas meramente pragmáticas. También es evidente su predilección por aquellos que se dedican a esta ciencia por razones puramente estéticas y que ven a las matemáticas como un arte, más que como una ciencia aplicada o de orden práctico. 

Las posibilidades de lectura de esta obra crecen notablemente con la puesta de Carlos Rivas. El director ha logrado que la pieza resulte tan conmovedora, creíble y cercana como una de esas buenas comedias dramáticas que ofrece cada tanto el cine norteamericano. No es un texto dramático de antología, pero puesto en acción, el material se embellece y gana humanidad. 

•Elenco 

Mérito que también debe atribuirse al magnífico desempeño del elenco, encabezado por la talentosa Gabriela Toscano. Su Cathy resulta extraña en su cotidianeidad, conmovedora en su desamparo, deliciosa en su torpeza sexual y casi una fiera cuando se la pretende avasallar en sus convicciones. 

Osvaldo Santoro, como el padre, luce sin exagerar los desbordes emocionales de su personaje. Pablo Rago es un encantador partenaire para la pobre Cathy y, como siempre, transita por el escenario con desarmante naturalidad. Por último, Carola Reyna provoca carcajadas entre el público en su papel de tilinga neoyorquina, pero poco a poco va dejando entrever los costados más contradictorios de su personaje. Es un gran mérito de su actuación no haber convertido a Claire en la «mala de la película». 

«La prueba» es una obra para todo tipo de público, incluso para aquellos que dicen que el teatro «no les gusta».

 Fuente_ 21/01/2004 AMBITO FINANCIERO





La obra de teatro de Broadway más premiada de los últimos veinte años, “LA PRUEBA” (Proof) de David Auburn, se estrenará en enero en Buenos Aires protagonizada por Gabriela Toscano, Pablo Rago, Osvaldo Santoro y Carola Reyna y dirigida por Carlos Rivas.

Ganadora del prestigioso Premio Pulitzer al mejor drama, de tres estatuillas en la última edición de los premios Tony (el “Oscar” del teatro en Estados Unidos) y del Premio de la Crítica a la mejor obra de teatro, entre muchos otros, “La Prueba” cuenta la historia de una joven (Gabriela Toscano) que debe cuidar a su padre (Osvaldo Santoro), un genio matemático que está enfermo. Su vida cambia cuando aparece un alumno de su padre (Pablo Rago) quien se interesa en recopilar las viejas enseñanzas de su mentor. Un romance inesperado nacerá. Pero la hermana de ella (Carola Reyna) entrará en el juego y varios imprevisibles secretos saldrán a la luz.

Además de los múltiples premios, y de las maravillosas críticas de prensa, “Proof” ha conseguido un récord histórico: es la obra de teatro no musical que -desde su estreno en el 2001- ha realizado más funciones en Nueva York en los últimos veinte años, superando a las exitosísimas “Art” y “Lost in Yonkers”.El papel que protagonizará Gabriela Toscano (La gaviota, Madera de reyes, Los pequeños burgueses) ha sido representado en las diferentes versiones de “La prueba” (“Proof”) por las actrices Gwyneth Paltrow, Mary-Louise Parker (conocida por sus trabajos cinematográficos en Tomates verdes fritos, El Cliente y Retrato de una dama entre otros), y Anne Heche (John Q, Seis días, siete noches).

En esta oportunidad y con un elenco de primeros actores argentinos la obra se presentó en la calle Corrientes abriendo la temporada de verano dirigida por CARLOS RIVAS, -quien también está a cargo de la escenografía- maestro de actores y responsable de algunas recordadas puestas en escena como “El efecto de los rayos gamma sobre las caléndulas”, “El vestuario”, “La noche de la iguana”, y el estreno en Argentina de “Cristales rotos”, la última obra escrita por el gran autor Arthur Miller.Además de girar con varias compañías por todos los Estados Unidos, “Proof” se montó en varias capitales europeas como Londres, Paris y Madrid y en las ciudades latinoamericanas de México y Chile.

Ficha técnica
Autoría: David Auburn
Dirección: Carlos Rivas

viernes, 2 de marzo de 2007




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miércoles, 28 de febrero de 2007

"AMAS DE CADA NO FUE UN PRODUCTO MASIVO"



Por Magela Demarco. Fotos: Ary Kaplan Nakamura.
La actriz encabeza junto a Fabián Vena el elenco de "La Duda", de John Patrick Shanley, en el teatro Liceo. Allí encarna a la hermana Luisa, una inflexible directora de escuela que tiene la sospecha de que un cura del colegio abusa de uno de los niños. Dirigida por Carlos Rivas, su esposo, Gabriela Toscano comenta que, lejos de ser una presión, "Trabajar con él para mí es un placer porque nos potenciamos"
Gabriela Toscano, datos biográficos Nació en Montevideo (Uruguay), en 1965 y comenzó su carrera actoral antes de cumplir los diez años.
"Los machos", "Situación límite" y "Culpables" son algunos de los programas de televisión en los que participó. El año pasado, fue una de las cuatro actrices elegidas por Adrián Suar para protagonizar la serie "Amas de casa desesperadas", en donde personificó a Susana Martini, una dibujante de cuentos para niños, separada y con una hija adolescente, que intenta volver a enamorarse.



En cine participó de filmes como: "La Mary" (1974), "El exilio de Gardel" (Tangos) (1985), "Sur" (1987), "No quiero volver a casa" (2000), , "El buen destino" (2005). 

Y en teatro se la pudo ver en "La prueba", de David Auburn, donde compartió cartel con Pablo Rago, Osvaldo Santoro y Carola Reyna. Hoy se luce en "La duda", dirigida por Carlos Rivas, con Fabián Vena, Silvia Baylé y Magela Zanotta, como compañeros de elenco.





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Fuente:Conexiones -Diario Clarin 28-2-07

domingo, 25 de febrero de 2007

Filmografía

1.
El buen destino (2005) Marión
2.
No quiero volver a casa (2000) Susana
3.
Guerreros y cautivas (1989)
4.
Sur (1987)
5.
Debajo del mundo (1987)
6.
El exilio de Gardel (Tangos) (1985)
7.
Los viernes de la eternidad (1981)
8.
Las aventuras de Pikín (1977)
9.
Jacinta Pichimahuida se enamora (1977)
10.
Los cuatro secretos (1976)
11.
Los chicos crecen (1974) Alejandra
12.
El sexo y el amor (1974)
13.
La Mary (1974) La Mary (niña)
14.
Luces de mis zapatos (1973)

martes, 20 de febrero de 2007


“ACTUAR ES PENSAR Y CORREGIR”


En la pieza que se presenta en el Liceo, la actriz es la hermana Luisa, un rol que significó “un desafío de composición”.


“La energía del actor transmite en directo”, afirma Gabriela Toscano, actriz que comenzó su carrera antes de cumplir los diez años, en televisión y publicidad. Empezó tan joven que recuerda los cambios en los modos de producción televisiva, principalmente en lo atinente a los ensayos, una instancia que hoy se saltea casi por regla: “Hoy se hace la experiencia en bruto, se graba y se prueba directamente para dos millones de espectadores”, describe la actriz de Amas de casa desesperadas, recordada por su participación en Los machos, Situación límite y Culpables y, en cine, por El exilio de Gardel, de Pino Solanas, que rodó cuando sólo contaba con 19 años. “Descubrir algo de uno que no sabía que estaba ahí, eso es lo interesante de ser actor. Meterse a imaginar a otro desde uno mismo”, afirma, ahora a cargo de uno de los papeles protagónicos de La duda, de John Patrick Shanley, obra de éxito en Broadway, ganadora de cuatro Tony, además del Pulitzer, en 2005. Dirigida por Carlos Rivas (Cristales rotos, La prueba), la pieza fue estrenada el año pasado en el teatro Liceo, con Susú Pecoraro en el rol que hoy asume Toscano. El elenco continúa igual que cuando se produjo el estreno, integrado por Fabián Vena, Silvia Baylé y Magela Zanotta.

La obra comienza con un sermón a telón cerrado en el cual, dirigiéndose a la platea como si fuesen los feligreses del joven padre Flynn, Vena hace decir a su personaje: “¿Qué se puede hacer cuando no estamos seguros?”. Si bien el objeto del discurso se relaciona con la fe en Dios, en verdad sus palabras anticipan una problemática que va a desarrollarse en torno de uno de sus actos, sospechado de cometer un abuso en contra de uno de los alumnos de la escuela que regentea la hermana Luisa. No fue éste un personaje pensado para Toscano desde el principio, porque Rivas (quien es también marido de la actriz) consideró en su momento que esta monja debía de ser una mujer algo mayor, con otras características físicas. Por eso es que Toscano habla de “desafío de composición” cuando se refiere al compromiso de asumir el reemplazo de Pecoraro en tan poco tiempo. “Pero era muy difícil negarse a hacerlo: Carlos me había dado a leer la obra desde que estaba planeando dirigirla y siempre me pareció que ése era uno de esos personajes que un actor no puede perderse de hacer”, cuenta. “De modo que ensayamos sólo un mes, pero de 5 a 6 horas por día y con el texto ya sabido, para empezar a encontrar los detalles que hacen al comportamiento de este personaje.”

Si se le pide que se explaye sobre su rol, la actriz lo define como “una guardiana feroz de la integridad de los niños que asisten a su escuela, una guardiana de la educación, que protege a todos los que están a su alrededor. Porque también está preocupada porque la hermana Clara no se equivoque y conozca las razones por las cuales decide tomar los hábitos”. Para Toscano, esta tarea de control, defensa y protección que la protagonista asume redunda en un forzoso alejamiento de cuestiones que hacen a su propia persona: “Estas preocupaciones le hicieron abandonar su estado físico, despreocuparse totalmente de su aspecto y olvidarse, en parte, de sí misma. Estoy profundizando en el hecho de que la hermana Luisa estuvo casada en el pasado, que es viuda de un combatiente de la Segunda Guerra. En pensar y corregir, en encontrarle cosas nuevas a una obra, en eso consiste la actuación”.

Que por subtítulo la pieza lleve la expresión “una parábola” alude, según considera Toscano, no solamente a los sermones eclesiásticos a cargo del padre Flynn, sino “a las enseñanzas que entrañan la mayor parte de las palabras de la hermana Luisa. Al leerla, primero puse en duda algunas de sus frases, pero después de analizarlas, descubrí que contienen verdades que llaman la atención, como cuando ella dice: ‘La inocencia es una forma de la haraganería’”. Más allá del tema del abuso de menores, troncal en la obra, hay otros temas que a Toscano le interesan: “Me gusta hablar del estado de las mujeres dentro de la Iglesia, de su status de inferioridad respecto de las jerarquías que asume el hombre. Porque aun creyendo que tiene la verdad sobre el caso, ella tiene que entablar una lucha en contra de los hombres que pueden querer tapar las actitudes del cura”. El personaje de Silvia Baylé, madre de uno de los alumnos, así como la hermana Clara, también contribuyen a subrayar la existencia de un mundo de mujeres que viven supeditadas a la voluntad masculina: “Una es la pareja de un hombre golpeador y lo que necesita es proteger a su único hijo; y Clara parecería que en cualquier momento cede a la tentación, por lo embelesada que está por la figura del sacerdote”.

“Me parece que la vida es tan exigente en todo sentido que la gente no tiene tiempo para reflexionar demasiado”, dice Toscano, luego de subrayar que “uno hace teatro para que la gente disfrute, pero también para revelarle cosas. Que sea drama o comedia, no importa si de algún modo la energía del actor en vivo moviliza al espectador: el actor y el teatro revelan algo de la vida que está oculto”. Toscano afirma saber que a la salida del teatro continúa entre los espectadores la polémica que se establece en la platea, porque el autor se cuida muy bien en darle la razón a uno u otro personaje, de modo que hay tantos argumentos en contra del padre como a favor de él. No obstante, las dudas de la actriz son otras: “En mi caso personal, la mayor cantidad de dudas que me aparecen tienen que ver con la crianza de mi hijo. Por eso es bueno que, además de usar la intuición, uno pueda manejarse con alguna certeza”.



Fuente : Pagina/12 Martes, 20 de Febrero de 2007

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